miércoles, 3 de octubre de 2012

TODO UN EJEMPLO PARA TODOS "artículo del Marca del día 2/10/2012

 
"Dijeron que me moriría a los siete días de nacer. Mi nombre es Maickel Melamed, tengo 37 años y quiero acabar los cinco grandes maratones del mundo". El asfalto de Berlín ha sido testigo de las mayores gestas del ser humano en la mítica distancia de Filípides. Haile Gebrselassie y Patrick Makau -con la actual plusmarca de 2.03:38- traspasaron la barrera de lo imposible en los 42.195 metros. "Dijeron que me moriría a los siete días de nacer. Mi nombre es Maickel Melamed, tengo 37 años y quiero acabar los cinco grandes maratones del mundo". El asfalto de Berlín ha sido testigo de las mayores gestas del ser humano en la mítica distancia de Filípides. Haile Gebrselassie y Patrick Makau -con la actual plusmarca de 2.03:38- traspasaron la barrera de lo imposible en los 42.195 metros.
Un año más tarde del récord del mundo, Alemania se rinde ante un venezolano que invirtió 14 horas y 20 minutos en el circuito donde otros volaron. Él también lo hizo, a su manera, dejándose la vida por un sueño. Porque "nada es demasiado grande para que no lo intentes".
El mundo advirtió a Melamed de su crueldad con un cordón umbilical que estrangulaba su cuello en el momento del parto. Esa doble vuelta, que impedía la entrada libre de oxígeno, significó para mucha gente el final de todo. Él sabía que se trataba del principio. "Aseguraron que era una masa inerte sin posibilidad de movimiento, que mis expectativas de mi vida eran nulas" reconoce.
Lo de andar era una quimera en la que nadie creyó. Salvo una niña, su prima de cuatro años. La pequeña se empecinó en enseñar a caminar a su muñeco favorito. Melamed hablaba, se hacía pis, se levantaba y se volvía a caer. Una serie de acciones concatenadas que parecía no tener final. "Hasta que un día comprobé que era capaz de marchar" concluye.

Todo un héroe
Quizá por ello, el pasado domingo se repuso con coraje de una caída que podía haber supuesto el final de su aventura en el asfalto berlinés. Tras completar el año pasado el Maratón de Nueva York en 15 horas y 20 minutos, Melamed terminó en Berlín con una hora de adelanto, acompañado en el último tramo por Pedro Nimo.

El maratoniano gallego, que se había retirado medio día antes en el kilómetro 29, relata su experiencia: "Estaba tirado en la cama, frustrado, con el psoas dolorido, pensando que cinco meses de entrenamientos habían sido una pérdida de tiempo hasta que me llamaron para ir con Maickel".
La percepción de Nimo -quien no logró su objetivo de detener el crono en dos horas y 10 minutos- cambió por completo: "El viaje ha valido la pena, sólo por conocerlo. Mi concepto 'héroe' sigue evolucionando. Yo corro por mí mismo, por las marcas, por los campeonatos. Él lo hace para ayudar a los demás".
Los teóricos límites físicos de Melamed eran migajas en comparación con la losa que cada día ponían sobre su cabeza un puñado de ideas preconcebidas. Sin mayor musculación que la de su corazón, Maickel quiso demostrar que cada no era un sí, que a cada imposible le sobraba su prefijo. Los especialistas también aventuraron que no podría llegar lejos en los estudios. Años después, se licenció en la Facultad de Economía de la Universidad Católica Andrés Bello con uno de los expedientes más destacados de su promoción. A partir de ahí, inspirar a los demás se convirtió en el objetivo de su vida.
Formado como psicoterapeuta, coach y conferenciante, Melamed decidió subir la montaña más alta de Venezuela en 2006 para influir en los sueños de sus compatriotas. Allí conoció a Alberto Camardiel -un prestigioso periodista de su país, sub dos horas y media en maratón- y de esa amistad el atletismo ganó a una figura que va más allá de lo que dicta el crono.
El reto de Nueva York
El reportero recuerda lo que pasó por su cabeza en lo alto del Pico Bolívar, a 5.007 metros de altitud: "No tiene músculos para soportar el peso de su cuerpo ni para caminar por las escarpadas montañas, pero sí para bombear energía a cada integrante del equipo. Eso le lleva hasta la cima".

La idea de correr el Maratón de Nueva York tuvo que ser aplazada en alguna ocasión. Ningún organizador quería responsabilizarse de una hipotética muerte de Melamed en su carrera. Además, el notable tiempo de espera en meta jugaba en su contra. Camardiel se muestra compresivo con esas decisiones: "Si ustedes lo vieran también le dirían: ¡Ni lo intentes!". En 2011, con la colaboración de Raúl Baltar -gallego expatriado en Venezuela, presidente del Banco Exterior y maratoniano en el umbral de las tres horas- Melamed terminó el desafío de la Gran Manzana. Pero, como reza su máxima, "justo antes de acabar un objetivo, piensa en el siguiente". Así nació el proyecto Vamos. En su transcurso el venezolano tratará de completar los cinco Majors -maratones de Nueva York, Berlín, Londres, Chicago y Boston- hasta 2014. De momento, su revólver ya tiene dos muescas.
Un profeta atravesó la puerta de Brandenburgo dejándose el alma para cumplir el deseo de un equipo. Un espejo en el que se miran miles de personas que siguen con ímpetu cada uno de sus pasos. "La gente le grita con todas sus fuerzas '¡vamos!' cuando lo ven entrenar en Venezuela y de ahí el nombre del proyecto", indica el periodista Camardiel. "Me acuerdo de la última parte de Nueva York. Una señora le arengaba para que fuese a tope, porque ya no quedaba nada. La pobre no sabía que Melamed ya iba al máximo de sus posibilidades, que para él ese ritmo era esprintar", comenta.
Camardiel se deshace en elogios ante una mente capaz de mover un cuerpo que "es como una hoja de papel". Una enciclopedia que devuelve la humildad perdida a cada persona con la que se cruza. Las ganas de hacer, de pensar, de volar, de no quedarse quieto esperando a que otro viva por uno mismo. Melamed no quiere la gloria del campeón. Sólo aspira a contagiar su espíritu a la persona que tiene al lado: "Si lo sueñas, haz que pase
"Dijeron que me moriría a los siete días de nacer. Mi nombre es Maickel Melamed, tengo 37 años y quiero acabar los cinco grandes maratones del mundo". El asfalto de Berlín ha sido testigo de las mayores gestas del ser humano en la mítica distancia de Filípides. Haile Gebrselassie y Patrick Makau -con la actual plusmarca de 2.03:38- traspasaron la barrera de lo imposible en los 42.195 metros.
Un año más tarde del récord del mundo, Alemania se rinde ante un venezolano que invirtió 14 horas y 20 minutos en el circuito donde otros volaron. Él también lo hizo, a su manera, dejándose la vida por un sueño. Porque "nada es demasiado grande para que no lo intentes".
El mundo advirtió a Melamed de su crueldad con un cordón umbilical que estrangulaba su cuello en el momento del parto. Esa doble vuelta, que impedía la entrada libre de oxígeno, significó para mucha gente el final de todo. Él sabía que se trataba del principio. "Aseguraron que era una masa inerte sin posibilidad de movimiento, que mis expectativas de mi vida eran nulas" reconoce.
Lo de andar era una quimera en la que nadie creyó. Salvo una niña, su prima de cuatro años. La pequeña se empecinó en enseñar a caminar a su muñeco favorito. Melamed hablaba, se hacía pis, se levantaba y se volvía a caer. Una serie de acciones concatenadas que parecía no tener final. "Hasta que un día comprobé que era capaz de marchar" concluye.

NO DEIS LA VIDA POR SENTADA”.
Maickel Melamed miraba a los ojos a algunos de los mejores atletas de España que formaban un círculo en el módulo cubierto del CAR de Madrid. “Vosotros sois héroes, un ejemplo para el resto del país, pero por favor nunca deis nada por sentado”, les rogaba. “Ni la vida o pertenece ni los éxitos tampoco. Hay que ser humildes y agradecer. Soñar con los siguientes pasos y no conformarse con lo ya conseguido. Per eso estamos vivos”.
El entrenador Antonio Serrano había organizado la charla para sus pupilos. “¡Todo el mundo a la una como un clavo! Esto es tan importante como el entrenamiento”, les decía minutos antes de que Melamed tomase la palabra.
Entre sus discípulos, el maratoniano Pablo Villalobos se emocionó recordando la anécdota vivida en 2011 en Nueva York: “Estábamos cenando en un restaurante cuando nos enteramos de que Maickel pasaba por delante, a pocos kilómetros de acabar su reto. Todo el mundo dejó la comida  en la mesa y salió corriendo del local para recibirlo. Fueron momentos increíbles”.
En esa misma edición Chema Martínez compartió el último kilómetro con Melamed. “Lo conocí allí a través de la Fundación Proniño y o he dejado de admirarle”,  indica el madrileño antes de dar rienda suelta a sus sentimientos: “Es una persona muy grande que se esconde en un cuerpo muy pequeño. Su entereza nos contagia y nos empuja para que creamos en nosotros mismos y nunca nos rindamos”.
DEJO A HIGUERO SIN PALABRAS
Las palabras de Melamed calaron en el corazón de la élite española que le escuchaba. Alessandra Aguilar, Tete de la Ossa, javi Guerra, Mohamed marhoum, Víctor García... Todos se observaban con complicidad. El León Juan Carlos Higuero lo reconocía: “Me he quedado mudo. Es uno de los referentes de éxito y superación más claros que cualquier persona puede tener. Su perseverancia e inconformismo son un ejemplo para nosotros”.
El grupo de fondistas de Antonio Serrano jamás olvidará las horas vividas junto a Maickel relamed. Un hombre al que vieron sufrir lo indecible en la pista de atletismo de la Blume, donde realizó el entrenamiento previo al maratón de Berlín. Un luchador que les insufló ganas de crecer y de mejorar cada día.

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